Jávea, pura inspiración (II)

Jávea, pura inspiración (II)

Hace algún tiempo nos detuvimos, en el tema del arte como aspecto a destacar en la vida de nuestra localidad. En aquel post nombramos figuras relevantes de la pintura como Joaquín Sorolla, uno de los pintores españoles más conocidos internacionalmente, que prendido por la luz de Xàbia y su mar, plasmó parte de nuestra belleza en sus lienzos.
Quizás desconozcáis que a escasos metros de nuestro restaurante, en el mismo Montañar, se encuentra la casa en la que Joaquín Sorolla pasó algunos de sus veranos, recreándose en la maravillosa luz que envuelve nuestra bahía.

Así que podemos decir, que las vistas al mar mediterráneo que nosotros contemplamos cada día desde nuestra terraza, fue admirada por el gran pintor.

 JOAQUÍN SOROLLA Y BASTIDA

Nacido en Valencia el 27 de febrero de 1863, su temprana afición por el dibujo hace que su familia le inscriba en las clases nocturnas de la Escuela de Artesanos, impartidas por el escultor Cayetano Capuz. En el año 1878 comienza en la Escuela de Bellas Artes valenciana. En el año 1881, viaja a Madrid, donde queda sorprendido por la pintura de Velázquez y Ribera, decisiva en su carrera.
Durante su trayectoria, obtiene una gran repercusión a nivel internacional: grandes éxitos que traspasarán fronteras y que harán de Sorolla un referente para la pintura de todos los tiempos y Jávea, como lugar turístico de primera categoría.
Sorolla fue galardonado en diversas ocasiones, obteniendo tres medallas: una en el año 1879, otra en 1884 y otra en 1892.
A comienzos del siglo XIX, Sorolla recorre distintas ciudades españolas como León, Asturias, Segovia, Toledo, La Granja y Jávea. A los primeros años, le debemos a Sorolla tantos y tantos cuadros en los que la gente de Jávea y nuestras playas son los protagonistas. Se trataba de cuadros costumbristas, que dejaban ver la vida tradicional y cotidiana de sus habitantes, como por ejemplo la vida de los pescadores.

Paseo a orillas del mar

SOROLLA Y LA LUZ

En uno de sus viajes a París conoció un nuevo movimiento artístico, “el luminismo”, corriente que daba mucha importancia al efecto de la luz sobre el paisaje y sobre los personajes de sus cuadros. Sorolla quedó fascinado por dicha manera de pintar y, a partir de ese momento, comenzó su propia búsqueda personal para poder representar la luz natural tal y cómo él quería.
Pasaba sus veranos entre Valencia y Jávea. Cada día iba a la misma playa con su caballete, con sus pinturas y sus gruesos lienzos. A menudo era acompañado por hombres de la zona que le ayudaban a montar sus parasoles, que le protegerían sus lienzos del sol y del viento.
Sorolla disfrutaba mucho de estas sesiones de pintura al aire libre y pensaba que todos aquellos preparativos valían la pena, ya que era la única manera que tenía de captar la luz procedente de los reflejos del sol y la transparencia del agua.

Con esta artística entrada de nuestro blog, despedimos el año 2017.

¡Feliz entrada en el 2018!

Y… nos vemos al lado del mar.

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